viernes, 28 de junio de 2013

Del mar al plato. Pescados y mariscos en la sociedad romana

Esta semana hemos publicado en el blog de Romanorum Vita una entrada sobre el marisqueo y la pesca en el mundo romano del noroeste. Os dejamos un avance, el resto lo podeis leer en el blog de la exposición.
 
La alimentación ha sido siempre más que un mero acto fisiológico, jugando un papel social muy importante a la hora de estrechar relaciones, mostrar poder, diferenciar socialmente a los individuos e, incluso, distinguir grupos culturales. Todos estos elementos van a estar muy presentes en la sociedad romana, marcando claras diferencias con periodos anteriores y posteriores. Desde que Apicio escribiese su De re coquinaria, la gastronomía romana parece totalmente descubierta y, sin embargo, encierra mucha más complejidad de la que parece. Los constantes descubrimientos arqueológicos han permitido ir completando una visión idealizada basada en estas recetas del siglo I d.C. que, además, abarcaban un sector social y un ámbito geográfico muy concreto. Sabemos qué comían los romanos en Roma, pero, ¿y en Hispania? ¿Y en Gallaecia?

 
Las investigaciones que estamos llevando a cabo en el NW peninsular nos permiten acercarnos un poco más a la respuesta. Los romanos, como pueblo mediterráneo, apreciaban mucho los pescados y los mariscos, por lo que la costa gallega se convirtió en una auténtica despensa que generó un importante núcleo de negocio. Estos productos venían a completar una dieta basada principalmente en los productos vegetales, especialmente legumbres y cereales. La carne gozaba también de alta estima, especialmente el cerdo y la vaca, aunque ocasionalmente podían degustar delicias como la garza.
 
Ya durante la Edad del Hierro, los castros marítimos del NW como el de Montealegre (Moaña, Pontevedra), habían iniciado una importante transformación, no sólo de sus gustos culinarios, sino también comerciales gracias al influjo púnico procedente del sur peninsular. De este modo, los pescados y mariscos bivalvos, más apreciados socialmente, comenzaban a ser comercializados hacia el interior mientras que en la costa se comían aquellas especies con un menor prestigio social. Con la llegada de Roma, este proceso se incrementa y acelera. Tras la conquista de los últimos territorios libres del noroeste, se desarrolla un importante poblamiento romano, con ciudades (Brigantium, Lucus Augusti, Asturica Augusta…), campamentos militares como el de Legio, que se suman a los poblados indígenas que, poco a poco, se iban romanizando. Estos enclaves imponen sus costumbres culturales y entre ellas, las gastronómicas. Y de este modo, aumenta la demanda de los productos marinos tan importantes en la alimentación romana.
Los poblados de la costa se transforman en centros productores, aumentando su capacidad pesquera y mariscadora. Se explotan un mayor número de especies y se define aún más el espíritu comercial, centrando las capturas en aquellas especies que tenían un mayor valor económico. De este modo, la pesca de sardina y besugo, o la recolección de ostra, entre otras especies, cobraría un nuevo sentido y cambiaría totalmente las relaciones sociales, productivas y alimenticias de los habitantes del noroeste.