domingo, 4 de julio de 2010

Recuerdos malacológicos de la villa de Finisterre


El 8 del 9 de 1923 el Ideal Gallego publicó el artículo de Francisco Esmorís Recamán "Recuerdos históricos de la villa de Finisterre" en el que hacía un recorrido histórico por diversas leyendas y acontecimientos de Finisterre, haciendo referencia a diversos restos arqueológicos documentados.

En uno de los apartados hace referencia a un gran depósito de conchas en las proximidades de la playa de la Langosteira, en Finisterre, durante la realización de trabajos agrícolas, que si bien fue asociado a su formación natural, el autor lo relaciona con los kjoekkenmoedding, considerando necesario un estudio del mismo. También cita la aparición de un pozo, al realizar una casa, que contenía gran cantidad de vértebras de pescado.

"En las inmediaciones de dichas casas dijeronme que había aparecido un gran depósito de conchas. Sin dejar de señalar la parte que en su formación pudo haber temido la mar, creo no se debe pasar por alto la posibilidad de que se trate de un "Kjokkmoding" y a que con una exploración metódica puede llegarse facilmente al conocimiento de la verdad. A este respecto agregaré que el hacer la casa de Don Matias Canosa, sita en la calle real de esta villa, sobre la playa de calafigueiras uno de los obreros notó que una de las partes del terreno presentaba menor resistencia: Había allí a manera de un pozo cegado con tierra y arena y en el que aparecieron varias vértebras de un pescado de grandes dimensiones [...] Parecía como si aquello fuesen restos de comida [...]".


Esmorís Recamán (1893-1967) fue médico de la villa durante la dictadura y el primer historiador conocido de la villa de Finisterre, siendo reflejo del progresivo interés que las conchas en contextos arqueológicos van tomando desde principios del siglo XX debido a la creciente aparición de depósitos con conchas en diferentes yacimientos europeos, y a la abundante presencia de materiales por las condiciones de conservación que presentan.