miércoles, 22 de abril de 2009

El Camposanquiense


En 1896, durante la realización de una carretera entre A Guardia y el Pasaje (Sáa) dejó al descubierto varias piezas líticas de talla tosca asociadas a un depósito de conchas, que fueron recogidas por los jesuitas del Colegio del Pasaje y que en 1925 fueron estudiados por Joaquín Fontes , y adscritas a una cultura Chellense.

Por esas fechas también realizará sus trabajos en la zona el Padre Eugenio Jalhay, que localiza en el entorno de A Guarda varias piezas líticas trabajadas en cuarcita, que, después de enseñárselas al Conde de la Vega del Sella y a Obermaier, asimila a los característicos picos asturienses. Esta industria lítica no aparece en relación con ningún tipo de conchero, por lo que la asocia a los diferentes depósitos de conchas presentes en las cercanías. El problema que le supone esta asociación es que las especies representadas en concheros como el de Camposancos, en el que según el autor aparecen conjuntamente y en igual abundancia Patella vulgaris, Littorina littorea y Trochus lineatus, junto con Mytilus edulis (que aparece en todos los niveles), no corresponden a las documentadas en los concheros asturienses, a lo que hay que unir la presencia de cerámica en los niveles superiores. Este contratiempo le lleva a interpretarlos como coetáneos al castro de Santa Trega (A Guarda) en sus niveles superiores, aunque mantiene la esperanza de que los niveles inferiores, que no había podido prospectar, correspondan al Asturiense.

La desconexión entre industrias líticas y concheros, unido a la adscripción al chelense que realizó Fontes en 1925 de la industria localiza en el Pasaje de Camposancos, llevará al P. Eugenio Jalhay a plantear en el “Congreso de las Asociaciones Española y Portuguesa para el Progreso de las Ciencias” (celebrado en Barcelona en 1929), que el Asturiense gallego y portugués serían más antiguos que el cantábrico, dando origen al denominado Camposanquiense.

Posteriormente trabajos como los de Merguelina en 1939/40 en Santa Trega o los de Fernández Rodríguez en 1955, asociaran definitivamente estos depósitos de conchas y la industria lítica a periodos protohistóricos.