Nos encontramos ante un proceso de crisis mundial que afecta a miles de ciudadanos, colectivos, profesiones e instituciones. Y, como no podía ser de otra forma, la Arqueología se encuentra en medio de este proceso.
Durante los últimos 10 años, el desarrollo del mercado de la construcción motivó un auge de empresas privadas de arqueología, "Arqueología de Gestión", que llevó a cabo un volumen de intervenciones sin precedentes en nuestro país. Miles de yacimientos fueron excavados o sondeados, aunque no siempre de la mejor manera posible. Porque el propio desarrollo de la disciplina traía consiguo sus problemas. El primero de ellos viene motivado por el propio ámbito de actuación, dependiente en gran medida de los promotores de las obras de construcción y obligando a las empresas a presupuestar a la baja para conseguir las obras, con el consiguiente rebaje en el volumen de capital destinado a la investigación post-excavación. La ausencia de convenios y regulaciones de los trabajadores de la arqueología, fue otro aspecto negativo. Unido a otros muchos problemas, se llevaron a cabo miles de excavaciones, sí, pero también se generó un volumen absolutamente desorbitado de materiales arqueológicos que, en el mejor de los casos, eran inventariados y almacenados en los Museos. Esta inmensidad de materiales generó el colapso de los Museos, que no tenían sitio donde guardar dichos materiales, por lo que se "apriemiaba" a los arqueólogos a recoger únicamente aquellos materiales "más importantes".... La consecuencia, es una pérdida brutal de información arqueológica, materiales no recogidos,... por desgracia, huesos y conchas suelen ser víctimas en estos casos.
Mientras tanto, las Universidades asistían impasibles a este proceso. Mientras el ámbito privado abanderaba las intervenciones arqueológicas, desde el ámbito público apenas se desarrollaban proyectos, se limitaba la investigación, se dificultaba la incorporación de jóvenes investigadores con posibilidades reales de desarrollar una carrera investigadora,...
Con todo esto, llegamos al boom de la crisis. La construcción cae, y con ella la arqueología empresarial. La Universidad se encamina a un proceso de semiprivatización y recortes, por lo que lo poco que quedaba de investigación, se termina de morir. Los Museos siguen colapsados de material y no incorporan personal para estudiar esos materiales ni para poder restaurarlos. Las Administraciones no incorporan profesionales de la arqueología, quedando la mayoría de los ya existentes como meras comparsas burocráticas sin investigación.
Con ésta perspectiva, ¿qué futuro espera? ¿cómo podemos afrontar esto como profesionales? En primer lugar, debemos plantearnos la necesidad de estudiar la ingente cantidad de material acumulado. ¿Para qué excavamos si luego el material se acumula sin estudiar, deteriorándose hasta su destrucción? ¿Acaso ésto no va contra nuestros propios principios como arqueólogos? Estamos en un punto de inflexión donde todos los profesionales debemos presionar para conseguir una regulación adecuada del sector, con un compromiso público, donde las Universidades y las Administraciones tengan un papel fundamental y donde las empresas se reestructuren para poder afrontar con garantías un futuro. Por eso, para aportar al debate, consideramos que algunos puntos interesantes serían:
- Promover las partidas presupuestarias para que los Museos, Administraciones, Universidades,... contraten arqueólogos para la catalogación y el estudio de los materiales arqueológicos acumulados, con el fin de obtener toda la información relativa a sus intervenciones e incorporarla al discurso histórico.
- Fomentar un cambio en el modelo arqueológico, donde Universidades y Administraciones jueguen un papel fundamental, y donde las empresas no dependan de promotores privados, sino de otros sistemas alternativos que les otorguen mayor libertad de actuación.
- Fomentar la didáctica arqueológica y patrimonial, para presentar el sector como un elemento de primer orden para el desarrollo turístico de calidad.
- Fomentar la incorporación de los jóvenes investigadores para poder continuar su formación e investigación. Se está perdiendo una generación de arqueólogos bien preparados que llegado el momento supondrá años de atraso en la Arqueología Española.
- Fomento de Proyectos de Investigación, equipos arqueológicos en instituciones, asesores arqueológicos,....
Estas son algunas propuestas. Esperamos que entre todos podamos fomentar este debate y plantear alternativas comunes que consoliden nuestro sector frente al precipicio al que parece estar abocado.